martes, enero 10, 2006


Terror al terror.

En una entrevista en radio Universo, el senador Alberto Espina afirmó que "Michelle Bachelet y el Presidente Ricardo Lagos encabezan la campaña polí­tica más sucia de la historia", agregando, de paso, que el intentar legislar en época de elecciones es una muestra de irresponsabilidad y de expresión de la desesperación en que ha caí­do el gobierno.

No soy concertacionista, aunque lo fui, pero gracias a Ricardo Lagos Escobar me di cuenta que las visiones de paí­s entre la Concertación y las necesidades del pueblo mayoritario son muy disí­miles; evidentemente no soy laguista y, aunque no voté por Michelle Bachelet en la primera vuelta, lo haré en esta ocasión, no porque haya cambiado de opinión o porque esté convencido que será un gobierno que ahora sí­ resolverá los problemas que agobian a los chilenos, sino simplemente porque me aterra la perspectiva de que sujetos como Jarpa, Longueira, Novoa, el mismo Espina, el teólogo Moreno, el alcalde boxeador de Independencia, entre otros, se sienten a gobernar bajo la férula de Piñera y la inspiración del Cardenal Medina.

Me aterra que Espina hable de corrupción y no recuerde la venta a precio vil del patrimonio industrial, logí­stico y de infraestructura de todo el paí­s, para beneficio de unos pocos, entre los cuales se cuenta el propio Piñera.

Me aterra que Espina hable de corrupción y no haya dicho ni una sola mí­sera palabra acerca del enriquecimiento ilícito del anciano rapaz.

Me aterra que hable de un paí­s democrático y moderno cuando se niega, junto a la UDI, a legislar para convertir a Chile en un paí­s "verdaderamente" democrático y moderno, en donde estén representadas todas las opiniones polí­ticas y en donde la mayorí­a no esté sometida al arbitrio de una minoría, como ocurre hoy.

Me aterra que hable de que se intenta sacar leyes entre gallos y medianoche - Congreso de por medio y del cual él forma parte - y nada diga de la Constitución espuria que sí­ se inventó la dictadura entre gallos y medianoche y que aún asuela y somete al paí­s.

Me aterra que diga que en democracia se puede ganar o perder, cuando los únicos que ganan son ellos, obteniendo con poco más de un tercio de la votación la mitad de los cargos de representación popular.

Me aterra que diga que si la derecha llega a perder será por causa de la corrupción, cuando nada dice acerca de los millonarios aportes que recibe la derecha para su campaña y que cuando a Piñera se le preguntó por ello en el debate, simplemente se corrió por las ramas.

Me aterra que diga que el gobierno no impulsa las leyes sociales que más les importan a la gente, cuando en realidad a ellos tampoco les importa la gente y más bien la desprecian.

Me aterra que diga que en este paí­s un delincuente condenado tiene derecho a muchos beneficios carcelarios, cuando los torturadores y asesinos de la dictadura son los únicos que tienen cárceles especiales y beneficios que ningún otro chileno tiene ni tendrá jamás.

Aunque no lo dijo, me aterra pensar que el próximo Presidente de Chile gobierne pensando en la familia, en dios y en la propiedad y no en todos los chilenos (esto, aunque Ricardo Lagos Escobar haya gobernado pensando prioritariamente en la propiedad.......... ajena; un ingrediente se soporta, mas ¿los tres?); me aterra que se instale la impunidad en las violaciones a los Derechos Humanos; me aterra vivir de nuevo en un estado policíaco bajo el pretexto de controlar a la delincuencia; me aterra la perspectiva de ver al anciano rapaz reivindicado de sus crí­menes y robos; me aterra que se afirme que el paí­s se izquierdiza, como si la voluntad del pueblo debiera estar sometida a la aprobación previa de la derecha; me aterra que se crea que la democracia es sólo para algunos y no para todos; me aterra que terminen por robarse lo que no alcanzaron a hacerlo durante la dictadura; me aterra que el estado, bajo inspiración divina, se haga dueño de la conciencia de cada hombre y mujer chilenos; me aterra que se utilice el terror para obtener votos; me aterra que se cierren las ventanas de libertad que medio se han abierto en los gobiernos de la Concertación y muramos todos asfixiados bajo el humo de los inciensos. Todo esto, y lo que está por venir si la derecha gobierna, me aterra; porque no nos engañemos: pese a sus declaraciones, pese a sus nunca más, pese a su declarada vocación democrática, pese a decirse más populares que los partidos de izquierda, nada de eso es verdad.

Es cierto que la Concertación no es lo mejor ni es lo que esperábamos, pero tampoco es lo peor y eventualmente podrí­a mejorar (en esto, me atengo a lo dicho por Aristóteles, que afirmaba que la esperanza son los sueños de las personas que permanecen despiertas). Lo peor está por venir si gana la derecha, pues si los perros nacidos, criados y engordados durante la dictadura no muerden hoy en día, es porque están amarrados y no porque se hayan vuelto mansos y Espina y sus amigos, créanlo, andan buscando con qué cortar la cuerda.

Y ver a los perros sueltos de nuevo, simplemente........... me aterra.

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