jueves, mayo 10, 2007

La trayectoria ambiental de Lagos

El cambio climático y sus consecuencias en la sociedad, los ecosistemas y la economía ha sido la problemática de mayor presencia política en los últimos diez años. En torno a este tema se ha unificado el criterio de que constituye un fenómeno que se ha incrementado debido a la acción humana. Del mismo modo, se ha expandido la voluntad de abordarlo entre los jefes de Estado y Gobierno de la Unión Europea y lo más granado del establishment mundial. Sólo por mencionar a algunos de los referentes notables en la materia: Nicholas Stern, coordinador del informe del Gobierno de Tony Blair sobre los impactos económicos del cambio climático; el ex vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore, que llegará a Chile para instar a nuestra clase político-empresarial a incorporar esta "verdad inconveniente".

En este contexto, la designación del ex Presidente Ricardo Lagos como enviado especial de la ONU sobre el cambio climático abre un gran signo de interrogación sobre las razones y motivos del nombramiento y las probabilidades de que tenga éxito en el objetivo de juntar voluntades. La sorpresa ante la noticia, naturalmente, está basada en el desempeño ambiental pobrísimo de su gobierno, lo que ha motivado a los dirigentes ambientalistas a declarar que "él demostró tanta sensibilidad por el medio ambiente como Pinochet por los derechos humanos".

La actuación ambiental deficitaria del ex Jefe de Estado lo obliga a un mayor empeño destinado a probar su conocimiento sobre el tema y a convencer a los jefes de Estado y a las comunidades, en especial a las que en nuestro país fueron directamente afectadas por los proyectos contaminantes autorizados durante su gestión gubernamental. Lagos debe, al menos, intentar acercarse a la altura que sobre la materia posee la ex ministra de Noruega Gro Harlem Brundtland, quien tiene un currículo que incluye la Dirección de la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo de la ONU y el cargo de coordinadora del informe Nuestro Futuro Común, que sustentó la Cumbre de la Tierra en 1992. Su legitimidad se encuentra respaldada por los más de 100 Estados que en esa ocasión aprobaron la Convención sobre Cambio Climático.

En la vereda opuesta, el ex Mandatario adquirió catorce compromisos ambientales para su gestión gubernamental pero ninguno se cumplió. Por ejemplo, no promulgó una ley de bosque nativo, no fortaleció a la Comisión del Medio Ambiente ni designó autoridad de recursos naturales; tampoco hubo Superintendencia de Fiscalización Ambiental o una política respecto del uso de suelo ni reducción o reciclaje de la basura. Ni hablar del Transantiago (puso fecha pero sin implementarlo) o la actualización del Plan de Descontaminación de la capital. En este caso, desahució el proyecto al quitarle los fondos, según constató el comité de expertos internacionales contratados por su propio Gobierno.

Lagos explotó el caso de la muerte de cisnes en el estuario del río Cruces, pero durante su mandato doce ciudades rebasaron el límite legal de polución del aire y aún así subsidió al petróleo e impulsó una distorsión del mercado de combustibles, con una malísima señal para limpiar nuestra matriz energética. Redujo a la mitad las 3 mil 600 hectáreas de forestación que comprometió el Plan Verde para Santiago. Como si fuera poco, el 21 de mayo de 2005, anunció la creación de una comisión para estudiar la inclusión de la opción nuclear en la política energética.

Es dable decir que esta trayectoria, distante de cualquier sensibilidad ambiental, demanda de Lagos un esfuerzo adicional para no fracasar en su nuevo cargo.


Sara Larraín
Directora del Programa Chile Sustentable

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